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domingo, 14 de agosto de 2011

Viaje por las Islas Eolias













Viaje por las Islas Eolias, en el Mar Tirreno de Sicilia - 30/07 al 05/08/2011

A bordo del "Senza Cuore", un Oceanis 40



El post de hoy cambia la tónica de este blog ya que incluye un breve relato de mi última experiencia de turismo náutico, en las Islas Eolias, en la costa norte de Sicilia.

La experiencia ha estado muy bien, aunque desde el punto de vista de vela y náutica ha sido demasiado tranquila ya que no hemos tenido nada de viento y casi siempre hemos tenido que ir a motor. Hemos visitado 6 de las 7 islas que forman este pequeño archipiélago volcánico.


Como íbamos 6 amigos (Javi, Vicki, Noe, Jose, Miri y yo), alquilamos un Oceanis 40, del 2008, con 3 cabinas, saliendo desde la base de Portorosa, una marina / urbanización de ricachones, en la bahía cercana al cabo Milazzo.

Aquí os dejo un esquema con la ruta y los itinerarios de nuestro viaje:


Portorosa-Porto di Levante (Vulcano)-Santa Marina (Salina)-Pollara-Pecorini (Filicudi)-Gruta del Bue Marino-Pollara (Salina)-Cala Zimmari y Cala Junco (Panarea)-Stromboli-Spiagga Bianca (Lipari)-Lipari-Gelso (Vulcano)-Portorosa




1º Día (Sábado): Llegada a Portorosa, Check-in del barco y viaje hasta Vulcano

El primer día de embarque siempre es el más estresante, hay que hacer la compra, encontrar el barco, cargarlo, hacer el check-in y si es posible zarpar rumbo al primer destino, para llegar antes de la puesta de sol.

El jueves pasado habíamos volado desde Madrid a Catania. Tras visitar Siracusa, el monte Etna y Taormina (por cierto, muy recomendable la visita a Taormina), el sábado sobre las 9:30am por fin salíamos del hotel de Taormina rumbo a la base de Portorosa. Ibamos con 2 coches de alquiler Fiat Punto y el plan era hacer la compra en un centro comercial que nos habían indicado a las afueras de Milazzo, pegado a la autostrada. La oficina de devolución de los coches en Portorosa cerraba a la 13:00 así que disponíamos de unas escasas tres horas y media para desplazarnos hacia el supermercado, hacer la mega-compra para toda la semana, llegar al barco, descargar todo y devolver los coches en la oficina de alquiler… uffff.

Comienza la maratón, a las 10:30 ya estamos delante del hipermercado y hemos formado 2 equipos: los chicos compran bebidas, cosas de limpieza y cremas, las chicas, la comida. Pero deprisita… y con la lista revisada (ver mi post sobre la planificación del viaje). Más de 400 eurazos de compra, pero ya con provisiones para toda la semana. Solamente nos ha faltado por comprar las colchonetas… A las 12:00 ya hemos cargado los coches, hasta la bandera y salimos rumbo a Portorosa. En la salida de la autopista (Falcone / Furnari), no hay indicaciones de Portorosa, menos mal que en el peaje habíamos preguntado y nos habían dicho que tiráramos por la carretera hacia Messina. A las 12:30 entramos en una gasolinera en plena carretera para repostar, ya con el agobio, sólo media hora para encontrar la marina, la empresa de charter, el barco y la oficina de alquiler del coche. Finalmente, y de milagro llegamos a Portorosa, sin dar vueltas, a pesar de las pésimas indicaciones y a la primera de cambio, también de chiripa vemos la oficina del charter. Las 12:45… les decimos que tenemos mucha prisa por llevar la compra al barco y devolver el coche, pero no saben bien donde está el barco y como se agota el tiempo decidimos descargar todo delante de la oficina y ya llevaremos las cosas después. A las 12:55 pasadas entramos en la oficina de los coches… prueba superada… con levantarnos 1 horita antes hubiésemos conseguido lo mismo sin tanto estrés…

Durante el papeleo, firma del contrato, fianza y pago de los extras (de la fueraborda, sábanas y limpieza) nos informan que el parte de la meteo (windfinder.com) anuncia calma chicha toda la semana. Pues vaya! También nos dan un listado larguísimo de sitios donde no podemos fondear a menos de 100 mts de la costa por peligro de desprendimientos y erupciones volcánicas. Pues vale. En cualquier caso con un velero de algo más de 2mts de calado tampoco vamos a pegarnos tanto a la costa, y de todos modos aquí en Italia nadie respeta ninguna norma así que parece que da igual

Por fin nos llevan al barco. El furgón que normalmente tienen para transporte está en el taller así que tienen que hacer unos 18 viajes en un coche enano para llevar la compra, las maletas y la tripu. En el primer desplazamiento, nos adelantamos Miri y yo para ir haciendo el check-in del barco.

Nuestro Oceanis 40 se llama “Senza Cuore”, con 3 cabinas, 2 baños, y como siempre con mayor tradicional con sables y rizos automáticos (ver post sobre los rizos). El barco es muy cómodo, los pasacascos / grifos de fondo están bastante abajo y no es necesario cerrarlos para navegar, los baños tienen achique automático del agua de ducha y no hay que preocuparse del depósito de aguas sucias puesto que no hay. Las sentinas y el hueco del motor están perfectamente limpias y secas. Comprobamos el molinete y el motor fueraborda. Revisamos todo el material con la lista habitual. Solamente falta la maneta del embrague y freno del molinete y el sin plomo de la fueraborda, que finalmente nos traen. La dingui claramente está pinchada en una banda, nos dicen que es del tapón y por no dar más guerra lo dejamos estar.

Una novedad, nos dicen que revisemos el estado del casco y los rallajos del barco, y así lo hacemos, esto no me había pasado nunca en otros alquileres, pero en Italia debe ser típico. El caso es que vemos unos roces importantes en la banda de estribor y se lo decimos a la chica del charter para que lo anote. Para otras veces, por prudencia no está de más revisar el casco y los pequeños golpes del barco.

Nos informan que el barco dispone de una cadena de 50 mts. Pero con la experiencia del año pasado, cuando a partir de los 40 mts de cadena el molinete no tenía potencia para subir el ancla, pregunto esta vez que cuanta cadena nos recomiendan echar como máximo. Ante mi sorpresa nos dicen que mejor nunca más de 20 mts. No sé si es un fallo de comunicación pero nos quedamos de momento con ese dato.

Al terminar el check-in, la tripu empieza a cargar el barco, hay espacio de sobra, el hueco para las bebidas, el cajón de los dulces, de los salados, etc. En un periquete estamos listos, así que tras tomarnos un pequeño bocata, sobre las 4:30pm por fin soltamos amarras rumbo a las Eolias.

El primer destino es el Porto di Levante en la primera de las islas, Vulcano, a tan sólo 15 millas náuticas. Sopla NNW flojito así que tenemos el viento casi de proa y por tanto nos espera una travesía de unas 2 horas y media (a 6 nudos), a motor. Por supuesto, merece la pena izar la mayor, y así procedemos. Primer problemilla: como la driza estaba fijada a la cornamusa del palo, al soltarla hay mucho cabo suelto, y con el golpeteo se enreda en la luz a medio palo. (No es la primera vez que pasa.) Damos media vuelta para tener el viento de popa y empezamos a mover la driza intentando liberarla de la luz, sin éxito. Finalmente Javi consigue liberarla haciendo uso de otra driza que está libre, y por fin conseguimos izar la vela, a tope del palo.

Sobre las 7:30pm llegamos al Porto di Levante, en Vulcano, es ya casi de noche, aquí anochece muy pronto, con muy poca luz fondeamos en la zona donde ya están todos los barcos, justo en frente de la playa, por suerte hay hueco. Al tirar el ancla ya nos damos cuenta que la cadena, a partir de los 20 mts está echa polvo, los eslabones oxidados y revirados, supongo que de ahí el límite que nos dijeron. Como fondeamos en unos 6 mts, con 20 mts de cadena y calma absoluta, vamos bien.

Como todas las noches, al finalizar la maniobra ya dejo el barco listo para la noche, con el cabo del ancla que libera la tensión del molinete, y la driza de mayor tensa en la cornamusa para evitar los molestos golpeteos nocturnos.

Después de un bañito ducha de mar las chicas calientan el pollo asado que habíamos comprado en el hiper para la primera noche. El trato para la semana es que las chicas cocinan y los chicos friegan… creo que nos han “engaña o”…

Tras un Malibu con limón de recompensa, nos vamos a dormir.





2º día (Domingo)– Visita a Vulcano y travesía a Salina


Tras el estrés de ayer, hoy toca relax. Nos levantamos sobre las 8am, hace un calor de justicia. El sol ya está arriba del todo, aquí debe de amanecer muy temprano, no sé porque en Italia no tienen una hora más que en España. Tras el bañito matutino y un buen desayuno, el plan es bajar a tierra, subir hasta la cima del volcán y darnos un bañito en los lodos de fango. Para el desembarco toca hinchar la dingui, una vez hinchada parece que aguanta una media hora hasta que vuelve a dar pena, así que junto con los remos, el hinchador de pie es un elemento esencial a llevar siempre a tierra. A pesar de ser sólo seis, sumando mochilas, y con nuestra dingui flojucha no cabemos todos, así que cuatro se van en dingui y Miri y yo nos vamos nadando, no son más de 150 mts hasta la playa.

El ascenso a Vulcano es de una media horita, conviene llevar calzado de deporte, y con el calor es fundamental ir con agua y gorro. Las guías dicen que es un ascenso fácil, supongo que se refieren a que dura poco, porque de fácil no tiene nada, es una cuesta de tierra bastante empinada, menos mal que estamos todos más o menos en forma. Una vez arriba tenemos la recompensa de las vistas espectaculares de las islas y las fumarolas que humean del cráter del volcán.




Porto di Levante, vistas desde lo alto del volcán


El cráter de Vulcano



La siguiente parada son los baños de lodos, pegados al mar, que según dicen son buenos para la piel y los huesos. Se puede entrar desde la carretera y te cobran 2 euros, o alternativamente es fácil colarse por el acceso desde el mar. Por no ser macarras, aunque algunos entramos desde el mar, pagamos todos. El procedimiento consiste en meterse en el charco de fango caliente, que peste! y luego embadurnarse del barrillo que se saca de los bordes, para por último dejarlo secar al sol unos 10 minutos. Menudo espectáculo. La peste del cuerpo luego te dura tres días, por mucho que te duches, no sé si merece la pena, pero bueno, como buenos turistas toca hacer lo que toca. Por cierto, importante llevarse un bañador viejo o malo, ya que lo mejor es tirarlo a la basura de inmediato, se queda inservible con la peste.

Después de comer y una breve siesta levamos el ancla y ponemos rumbo a la isla de Salina. Se reconoce a la legua, es una isla compuesta por 2 volcanes idénticos juntos, protuberantes, como el busto de una mujer. No hay ni que mirar el GPS, vamos rumbo a “los pechos”.




Rumbo a Salina



Son unas 12 millas hasta Santa Marina, la capital de la isla, en la cara Este. Soplan unos 10 nuditos, casi de proa. Javi se pirra por navegar a vela, así que navegamos durante una horita, de ceñida y haciendo bordos, sacando unos 4 nuditos, no está mal. Al izar la mayor, algunos de los mini-railes de la relinga del grátil se salen del palo. En vez de arreglarlo ponemos el primer rizo y así la vela va más o menos. Para las siguientes veces, cuando izamos la mayor ya se pone alguien en el palo y va relingando mientras se iza la vela lentamente.

La segunda mitad del recorrido la hacemos a motor, que con los borditos no llegamos nunca y es importante llegar con luz. A la entrada en Santa Marina, me aproximo un poco al puerto, se ven muchos yatazos y pocos veleritos. Hay que llamar por VHF para pillar plaza, pero vemos mucho barco fondeado al sur del puerto y huecos de sobra, así que decidimos volver a pasar noche fondeados, que es más barato y más agradable.

La profundidad no está muy clara, hay pequeños fosos en el fondo. Un patrón italiano, majete, al vernos dudar nos indica que vayamos un poquito más al sur, donde tenemos 5-6 mts lisos. Efectivamente. Durante la maniobra de tirar ancla, el molinete va fatal, el botón “down” no funciona la mitad del tiempo, hay que insistir. Metiendo motor a tope en punto muerto, para dar voltaje, parece que va mejor. Por fin fondeamos, pero no ha salido muy bien, con los problemas de tirar nos hemos quedado demasiado cerca de un yatazo. Dentro de su círculo de borneo seguro. Al poco rato, cuando aún estamos dudando si movernos o que, nos dicen los del yatazo que sí, que “too near”. Le hecho narices y le digo al patrón del super-yate que tenemos el molinete un poco mal y que si no les importa moverse ellos un poco… olé mis huevos… claro, nos dicen que si el molinete no chuta, que lo hagamos a mano… normal! Afortunadamente el molinete en modo “up” va bastante bien, se atasca mucho menos y podemos repetir la maniobra sin problemas.

Como casi siempre, los chicos nos damos el bañito nocturno que hace las veces de ducha. Las chicas, más frioleras se duchan dentro, sin limitaciones de agua. Se dan las “duchas de camacho”… Claro, ya nos hemos fundido el primer depósito.

Cenita, Malibu y a dormir.



3º día (Lunes): Aprovisionamiento en Santa Marina, baño en Pollara y cena en Filicudi


Tenemos necesidad de pan, hielos y alguna cosilla más, aparte de bajar basura. Por otro lado, según nuestro plan de viaje y mi libro de derroteros, en los destinos siguientes, que son Filicudi, Panarea y Stromboli, no hay posibilidad de recargar agua. Así que parece necesario rellenar nuestro depósito vacío para aguantar tres días más. No tenemos muy claro si recargar esta misma mañana o hacer una parada “técnica” al día siguiente. Al final vamos al pueblo con la dingui primero y mientras las chicas se van a la compra los chicos vamos a la oficina de puerto a preguntar por el tema del agua. No hay problema. Simplemente hay que atracar en una de las múltiples plazas libres, pagar y rellenar. Y así lo hacemos. Mejor ahora, que está a huevo, que tener que volver otra vez.

El atraque es muy fácil, el puerto tiene muertos para la proa, y no hay nada de viento. Atracamos de popa en una zona donde no hay ningún otro barco. Al ver que no había barcos en los laterales tendría que haber puesto defensas en popa porque al irse un poco la proa mientras fijamos el muerto, el casco toca momentáneamente el muelle en un costado de popa. Nos soplan 16 euros por el agua (creo que son 225 litros en un depósito), y con la baja presión de la manguera tarda en llenarse más de media hora. Finalmente a las 12 pasadas podemos irnos rumbo a la siguiente cala, ansiosos por darnos un bañito.


Santa Marina, Salina


En la isla de Salina no hay muchas opciones de baño, la que nos pilla de camino a Filicudi es también la más famosa, Pollara, donde se rodó la peli de “El cartero y Pablo Neruda”. La cala está abarrotada de barcos pero encontramos un huequito donde echar el ancla, el molinete sigue dando problemas, pero más o menos funciona. Como siempre tiramos 20 mts, aunque aquí tenemos casi 10 mts, pero como sólo es una parada rápida de baño y comida no importa demasiado. Por cierto que el ancla es una tipo Danfort bastante grande y pesada, sólo con su peso más la cadena parece que los fondeos aguantan bastante bien.





Baño en Pollara



Después de comer y bañarnos un rato nos vamos rumbo a Filicudi, la isla con forma de ballena. Apenas hay viento, un poco de través pero no lo suficiente así que nuevamente nos toca consumir gasoil.




Rumbo a Filicudi



Me doy cuenta que el indicador de gasoil no funciona, indica que estamos totalmente llenos y no puede ser porque al menos hemos navegado 40 millas a motor. (Unas 6 horas). El consumo se mide en Litro / Horas de motor y no tengo ni idea de cuanto consume. Normalmente vamos a 2500 rpm, a unos 6 nudos, por no consumir demasiado. Si subes a 3000 vueltas ganas 1 nudo más pero doblas el consumo. Seguramente, a 2000 rpm consumimos aún menos. Por la tarde llamo a la base y me informan que el consumo medio máximo es de unos 6 L / H. Calculo que con los 200 Litros de depósito tenemos de sobra para realizar toda la semana a motor.

En Filicudi vamos directos a Pecorini, al suroeste de la isla, que es donde está la principal animación y donde habíamos reservado por la mañana una boya. Ya nos habían avisado que hay mucha profundidad, sobre todo para nuestra cadena limitada. En mi piloto (el Italian Waters de Rod Heikel), indica que en Pecorini hay 12 boyas de color amarillo, pero no vemos ninguna. Llamamos al individuo de las boyas y nos vienen a buscar 3 borrachos en una lancha que nos amarran a un muerto indicado con unas botellas de plástico cutre. Encima nos soplan 60 euros por el muerto, eso sí el lugar es inmejorable, un agua limpia, gozosa, y muy cerquita del pueblo. Cerca nuestra hay un par de veleros con ancla, la sonda indica 20 mts así que esos han tenido que soltar cadena a gusto. Esta noche toca desembarcar, el pueblo son 4 casas y no se ve gran cosa pero hay un restaurante de pescado y marisco (La Sirena) recomendado por la guía y ya tenemos ganas de cenar en tierra. El sitio está muy bien, nos ponen una parrillada y una fritada de pescados que nos sabe a gloria. El vino blanco dulzón, potenciado por el mareo de tierra nos sube a la cabeza.

Durante la cena nos encontramos con el patrón italiano majete que la noche anterior nos había dado las indicaciones en Salina. El tío, que habla español bastante bien, flipa con nosotros preguntándonos qué cómo hemos llegado a ese extremo de las Eolias, al mejor sitio de todos, en el mejor restaurante… Claro, nos da el subidón, como si no viniese recomendado en todas las guías...

Después de la cena nos volvemos a encontrar con el patrón italiano al que más adelante bautizaremos “Angelo”, porque a ninguno se nos ocurre preguntarle su nombre. Nuestro Angelo nos empieza a dar miles de datos sobre las mejores calas y los mejores sitios en Las Eolias, con todo lujo de detalles y precauciones, claro, una vez en el barco, nadie se acuerda de nada, demasiado info de sopetón. Menos mal que casi todo lo que nos decía ya lo teníamos más o menos leído en los derroteros.





4º día (Martes): Filicudi y viaje a Panarea


Zarpamos prontito, nada más desayunar, que tenemos una agenda apretada. El plan es bordear Filicudi, visitando la famosa gruta del Bue Marino, hacernos la foto con el farallón del nor-oeste de la isla y luego ya navegar hasta Panarea, que está a unas 25 millas.

Al poco rato de salir divisamos la cueva, a un par de millas al norte de Pecorini. No se puede fondear así que desembarca con la dingui una primera expedición, otros nos quedamos en el barco esperando a una distancia considerable, esperando nuestro turno. La gruta está bien, pero tampoco es nada del otro jueves, como el día está medio nublado, no entran los rayos de luz que normalmente dan el color chulo al agua a la entrada de la cueva.



Entrada a la Grotta del Bue Marino


Tras ver la gruta nos acercamos al farallón, una roca vertical que asoma 70 mts del agua, donde hacemos la fotos de rigor.



Farallón al noroeste de Filicudi



Tras bordear Filicudi por el norte fijamos rumbo a Panarea, con escala técnica nuevamente en Pollara, que pilla a medio camino, donde nos damos un breve baño y comemos.

Angelo nos había planteado dos planes alternativos para Panarea. Por lo visto la isla es algo así como la Ibiza de Sicilia, con mucha marcha y donde hace vida la jet set local. Para eso hay que ir a la capi, a San Pietro. En caso de buscar tranquilidad la otra opción es fondear en Cala Zimmari, al sur de la isla, en la cara este de Punta Milazzese. Parece que no hay necesidad de debate, nos decantamos directamente por la opción tranqui y al atardecer ya estamos entrando en la Cala Zimmari.

Por lo visto está prohibido fondear en esta cala, al igual que en la más famosa Cala Junco, que está al lado, en la cara oeste de la Punta. Ello no impide que ambas calas estén hasta la bandera de barcos, esto es Italia. Nos cuesta bastante encontrar hueco, en parte por nuestra limitación con la sonda. El molinete está especialmente torpe. Necesitamos dos intentonas hasta que finalmente conseguimos un buen fondeo, bastante cerca de la playa, donde la sonda marca 4 mts. Al bucear compruebo que efectivamente hay poco más de metro y medio entre la orza y el fondo.

Se nos ha hecho de noche con la maniobra así que ya sólo queda el baño-ducha, la cena, un malibu y a la cama.




5º día (Miércoles): Arqueología en Cala Junco y Stromboli

En lo alto de la Punta Milazzese, encima de Cala Junco, se encuentran las Cabañas Prehistóricas de Panarea. Lo de siempre, unos hacen el desembarco, esta vez a remo que es más limpio, y otros van a nado. Con la habitual calorina ascendemos hasta las Cabañas por un sendero muy chulo, con vistas espectaculares de ambas calas. Aparte de ver las chozas milenarias disfrutamos de las vistas aéreas de la Cala Junco.



Nuestro velero en Cala Zimmari





Cala Junco



Las Chozas Prehistóricas de Panarea





A mediodía zarpamos rumbo a Stromboli, son unas 12 millas, como llegaremos pasadas las 3pm, después de izar la mayor nos tomamos durante la travesía un buen aperitivo. A lo lejos ya se vislumbra la famosa isla volcán, nos aproximamos al climax de nuestro viaje. Incluso llega a refrescar un poco y podemos recorrer algunas millas a vela.



Proa a Stromboli



La isla es una pasada, el volcán es tal y como uno se lo imagina de pequeño, pero lo mejor está por llegar. Llegamos a la impresionante Sciara del Fuoco, en la cara noroeste. Ponemos marcha mínima para observar desde el barco el espectáculo de día. El volcán es el único de Europa que está en permanente erupción, a cada rato se observan pequeñas explosiones de lava. Vemos las fuertes fumarolas y las rocas de lava que ruedan cuesta abajo por una rampa de tierra lista que desemboca directamente en el agua. Las rocas de fuego, al escaldarse en el agua desprenden una nube de humo. Nos quedamos atontados viendo este show de la naturaleza durante casi 1 hora.



Sciara del Fuoco, de día




Finalmente nos vamos a buscar un fondeadero a la cara noreste, donde están los pueblos de San Bartolo y San Vincenzo. El conjunto de los dos pueblos, con un monasterio, desde el barco se ve muy bonito.


Vista del Monasterio de San Vincenzo (seguramente...)


Toda la zona para fondear está muy abierta al mar y además hay mucha sonda. Fondeamos donde todos los barcos, de milagro encontramos un hueco y además entra mucha ola así que estamos muy incómodos. Hacemos una comida rápida a base de salchichas para no marearnos en la cocina. Además tenemos prisa por gestionar el tema de la noche, ya que queremos movernos a un sitio más al sur y más al resguardo. El plan es coger una boya en San Vincenzo, pero por radio nos informan que ya no queda ninguna libre y nos dan la opción de esperar unas horas a ver si algún barco no se presenta. Decidimos desplazarnos más al sur en busca de un sitio cómodo para fondear. Al levar ancla se atasca un eslabón de la cadena, se ve que el molinete hace el esfuerzo, pero nada, la cadena no se mueve. Finalmente con un buen martillazo en el grillete conseguimos resolver el problema.

La inspección por la cara sureste de la isla, en busca de fondeadero resulta un fracaso, no hay sitios donde echar ancla, y los pocos que hay son para muchísima sonda. Volvemos a llamar por radio a las “Stromboli buoys” pero nada, dicen que esperemos hasta las 19:30. Nos planteamos volver a Panarea, si nos damos prisa aún llegaríamos con luz. Pero preferimos quedarnos en Stromboli. Volvemos al mismo sitio incómodo donde habíamos fondeado hace un rato, pero ahora sí que ya no hay ni un hueco. Estamos a punto de volvernos a Panarea, pero ahora ya esa opción implica llegar a la cala de noche. Finalmente, lo más cerca posible de la costa vemos un hueco, donde parece que hay rocas, pero nos decidimos y tiramos el ancla. Por suerte, ya no hay tanta ola como antes y además en el buceo veo que el ancla está perfecta, las rocas han quedado a un lado. Lo hemos pasado un poco mal pero finalmente la operación ha concluido con éxito.

Bajamos a tierra para cenar. Como siempre, hay que hacer dos viajes con la dingui. En el segundo trayecto, de vuelta al barco, la fueraborda no arranca y a Javi le toca hacerse una buena remada contracorriente hasta el barco. Menos mal que lleva los remos y que sabe remar, porque es un buen esfuerzo. En el resto de trayectos la fueraborda ya funciona bien, parece que se había ahogado por sacar demasiado el aire.

Por fin todos en tierra, sanos y salvos buscamos un taxi para subir al restaurante Observatorio, desde el cual se ven las erupciones del volcán de noche. Como no hay taxis subimos a pata, sólo son unos 40 minutos cuesta arriba, primero por una callecita de piedra, luego ya por tierra. La calle de piedra que es parte de pueblo tiene muchísimo encanto y es fundamental llevar linternas porque no hay alumbrado público. En el Observatorio cenamos unas pizzas bastante regulares, con demasiado Pomodoro, pero es lo de menos porque desde la terraza donde estamos se ven a cada rato las espectaculares erupciones de lava roja. De noche, y desde el restaurante se ve increíble. Se ven también las linternas de mucha gente que asciende de noche hasta la cima del volcán. Es una caminata de unas 4 horas creo pero seguro que merece la pena. En el camino de vuelta al barco las chicas plantean su genial idea: para ver el volcán de noche, levantémonos una hora antes del amanecer y así volvemos con el barco a la Sciara del Fuoco para ver las erupciones nocturnas desde el mar. Dicho y hecho. Calculamos que una hora antes del amanecer son las 4am, y aunque nos acostamos a la 1:30am cualquiera doblega la voluntad femenina. Además así practicamos la navegación nocturna.



6º día (Jueves): Madrugón y Viaje a Lipari


A las 4:00:00am Vicki nos despierta y a las 4:01:00 ya he arrancado el motor. Al minuto todo el mundo está en cubierta, linterna en mano, por precaución. Acojona salir de una cala llena de barcos de noche pero yendo a dos por hora la cosa sale bien. Por cierto, el barco se pone a pitar como loco porque enciendo luces de navegación sin apagar la de fondeo. El plotter en cubierta tiene una luz deslumbrante que resta visibilidad, así que mejor evitarlo (o quitar brillo) mientras se sale de la cala.

Poco antes de las 5am ya estamos enfrente de la Sciara. El show visual desde el mar es prácticamente igual que desde el restaurante del ¿día anterior? Al apagar el motor y quedarnos al pairo oímos rugir el volcán en cada explosión y el ruido de la lava cuando toca el agua. El madrugón ha merecido la pena.



La Sciara, al amanecer



A las 5:30 ya es de día. Ofrezco a la tripu ir a ver el faro de Stromboliccio, que es otra parada obligatoria de turismo. Se trata de un islote roca a media milla al norte y por lo visto se puede subir al faro por una escalera a la cual se llega con dingui. Pero a esa hora de la mañana la gente prefiere volverse a la cama. Nos quedamos en cubierta Noe, Miri y yo para tripular el barco hacia nuestro siguiente destino, la isola Lipari, la principal y única isla que nos queda pendiente.

Son casi 4 horas de viaje, a motor, con calma chicha. A las 10am fondeamos enfrente de la Spiagga Bianca, cerca de Canneto, al noreste de la isla. (Dejamos al norte las canteras de Porticello.) Somos el único barco, mosquea un poco. ¿Será porque no se puede? ¿o es demasiado temprano? Hay algunos barcos un poco más al norte, enfrente de otro playa. La playa blanca defrauda un poco, sólo un chiringuito y cuatro tumbonas, la arena es medio blanca, pero vamos… pero el agua es gozosa y pasamos la mañana buceando y cogiendo piedras pómez en una calita chula un poco más al norte de la playa.


Canteras de Porticello (noreste de Lipari)

Cuando volvemos del buceo nos damos cuenta de porqué somos el único barco delante de la Spiagga. El chiringuito de playa se convierte a mediodía en discoteca con gogos y música a toda pastilla. Los barcos que ya se lo saben fondean un poco más alejados… nosotros olé, en medio de la fiesta. Justo el día que más falta nos hacía la siesta. Al menos somos los primeros en recibir la visita de la lancha de Cocacola-light, donde unas bellas azafatas nos pasan un montón de latitas de la jugosa bebida. Las chicas en ese momento están preparando la comida y se pierden el espectáculo, oohh que lástima...

La música, que es bastante insoportable, empieza a mejorar (Barbara Streisand inclusive) justo cuando nos toca la hora de zarpar. Al irnos nos parece oír al DJ decir “bye bye Senza Cuore”, o ¿ha sido la imaginación?

La rada de Lipari está al lado, a un par de millas al sur. Llamando por teléfono hemos conseguido, de milagro, una plaza en uno de los muelles flotantes a la entrada del pueblo. No es la opción más cómoda para pernoctar, pero sí la única. Enseguida localizamos nuestro muelle, está pegadito a la gasolinera de Agip.

La maniobra no es fácil, porque entra mucha ola y además hay viento racheado, que parece perpendicular al muelle. Nos indican un hueco donde hay dos plazas. Mi maniobra consiste en quedarme perpendicular al muelle y dar atrás en el hueco. Lo malo es que al ponerme perpendicular se abre la proa a estribor. Tengo margen para corregir marcha atrás con rueda a tope a estribor. Pero el barco deriva y por pocos centímetros logró encajar el barco en el hueco. La maniobra ha ido bien, pero de milagro no nos hemos comido el ancla del barco de babor. El error parece haber sido no tener en cuenta la deriva de las olas. Una vez dentro del amarre, las olas de los ferrys provocan un vaivén importante y tenemos que ajustar defensas para no chocar el casco con el barco de al lado. Nos soplan 85 euros por el cutre-amarre, pero al menos incluye agua y electricidad, que nos viene de perlas puesto que tenemos casi los dos tanques vacíos. Así nos duchamos a placer.



Floating Pootons en la rada de Lipari


El pueblo de Lipari es chulo, calles empedradas y un castello en lo alto desde el cual se disfruta de las vistas de la bahía. Paseamos como zombis, muertos de cansancio y con un buen mareo. Parece que la intensidad del mal de tierra es inversamente proporcional a las horas de sueño. Después de una cena regulín y un paseo a manos de un delicioso gelato, por fin retornamos al barco, donde nos quedamos fritos nada más tocar cama.



Lipari, at night





7º día (Viernes): Último baño en Vulcano y vuelta a la Base


Último día. Después de cargar agua y desayunar los deliciosos croissants que Javi y Vicki han comprado en el pueblo zarpamos rumbo a la Gruta del Cavallo, al suroeste de la isla de Vulcano, a unas 5 millas. Pilla de camino a Portorosa y además nos la había recomendado Angelo, el día de Filicudi.

Saliendo de la rada de Lipari, nos llueve del cielo una antena de metro y medio, que vemos caer al agua. Inmediatamente, maniobra de rescate, media vuelta y a por la antena. Cuando la pescamos resulta que es la antena VHF (160 Mhz) del windex a tope de nuestro palo, que se ha partido por causa desconocida. (En el charter a la vuelta no nos dicen nada así que supongo que es una rotura normal.)

Llegamos a la Cala del Cavallo, tiene muy buena pinta, y como siempre está hasta la bandera de barcos. En el único hueco que nos han dejado, a la entrada de la cala, la sonda marca casi 10 mts. Al ir a largar cadena, el molinete acaba de estropearse del todo, antes, insistiendo un poco, iba, pero ahora ya el botón down no funciona nada. Incluso una vez, al darle al down, la cadena sube! Como estamos en zona de mucha profundidad y aquello está lleno de barcos decidimos irnos a Gelso, una aldeíta de pescaderos, con un faro, a pocas millas más al sur, y donde parece que hay mucho más espacio y poca sonda. De camino me hago una idea de que el problema tiene que ser con los cables del mando del molinete, que hacen corto o algo así y seguramente estén echos polvo, lo tendría que haber revisado en los días previos! Es una avería típica (como reza mi post de marzo sobre fondeo…). Efectivamente, a la entrada de la cala, tras una inspección exhaustiva del mando y sus cables vemos que un hilo está totalmente partido, y otro pelado. No hay cinta eléctrica en el barco, así que el empalme de los cables lo hacemos con el espadadrapo rosa del botiquín, vaya chapuza! Pero ahora, en el último fondeo del viaje, el molinete vuelve a funcionar de maravilla…




Gelso (Sur de Vulcano)


Lo mejor de Gelso es que tiene unas miniplayas de arena negra volcánica finísima. Después de comer y darnos nuestro último baño, sobre las 3:30 pm emprendemos la travesía de vuelta a Portorosa. Son 2’5 horas a motor, vamos sin la mayor, puesto que sopla un poco de popa y por tanto el viento aparente es casi nulo.

La maniobra en la gasolinera y posterior atraque en el amarre del charter, con cero viento, es fácil y transcurre sin problema. La tripulación, el último día, ya es experta en hacer los ballestrinques. La hora de entrada tope son las 18:00, y hemos entrado a las 18:15. Puntualidad española. Por cierto, en la gasolinera cargamos 125 litros de gasoil, y como hemos navegando finalmente unas 25 horas a motor, tomo nota que implica un consumo medio bastante alto, de 5 litros / hora.

Los del charter, sobre las 19:00 revisan el barco de pe a pa, todo perfecto así que rompen la fianza de 1500 euros que nos habían retenido. Menos mal!

Tras la celebración oportuna y el cenote liquidación de existencias damos un paseo hasta el espigón de Portorosa, en busca del último Gelato de nuestra experiencia náutica. A la mañana siguiente, sobre las 9 ya estamos con las mochilas a la espalda, rumbo a nuestro siguiente destino, este vez terrestre, zona Palermo y alrededores. Nos esperan 3 intensos días más de viaje terrestre …

Gracias a la estupenda tripulación del Senza Cuore! Todo ha ido fenomenal y hemos disfrutado de lo lindo.





Los tripulantes del Senza Cuore


Hemos tenido muy poco viento, pero por otra parte esto nos ha permitido visitar Stromboli, lo mejor del viaje, y donde con viento y olas no es posible fondear. En general, las Eolias es un buen destino de charter, pero sólo si hay poco viento y mar, ya que de lo contrario, la mayoría de las calas están muy poco protegidas y los espacios de amarre y fondeo son muy escasos.


Buen viento y hasta la próxima.













domingo, 29 de mayo de 2011

Planificar el Viaje





La Preparación del Viaje



Ahora que se aproxima la época estival ya estoy en plena faena planificando los viajes que se avecinan. Este año en concreto nos vamos una semana a conocer las Islas Eolias, al norte de Sicilia!! Pero también haremos con suerte un finde de "pre-temporada" por Palma y otro por Denia.

En el post de hoy voy a dar un par de pautas de cómo pienso que se debe planificar el viaje, y aprovecharé para incluir un lista de cosas qué conviene llevar al barco junto con una lista de la compra. (Todos los años envío esta info a mis amigos tripulantes, este año les remitiré a este post...que por cierto se lo dedico a ellos.)





El plan y la ruta


Considero la planificación del viaje fundamental. Una vez en el destino seguro que realizaremos cambios sobre el plan original, bien por la meteo o porque algun local te recomienda otra cosa etc. Pero tener una idea previa de todas las posibilidades, del turismo posible, de los vientos típicos, de las características de los fondeaderos, entre otros, nos ayudará a tomar buenas decisiones llegado el caso.



Cierto es que ya a bordo tendremos casi seguro todos los derroteros, cartas y toda la info necesaria. ¿Pero tendremos tiempo de estudiarla? En mi experiencia considero que no. Estaremos liados con el gobierno del barco, con el paseo por la playa y demás tareas del ocio náutico-vacacional. En casa sin embargo podemos ir informándonos poco a poco, madurando la ruta y el plan.



Aparte por supuesto del recurso de internet! recomiendo comprar o conseguir prestado algun "piloto" o libro derrotero bueno. Los aficionados que hayáis navegado por Grecia o Italia seguro que conocéis los pilotos de Rod Heikell. (este año ya he pedido por internet el Italian Waters Pilot, octava edición, que parece ser el único tocho que cubre las Eolias...) Hace dos años compré otro tocho, el Greek Waters Pilot... pero cómo planear una ruta por las islas griegas sin haber leído antes sobre las características del temido viento Meltemi!



A la hora de trazar la ruta para los días que dura nuestra aventura tenemos que conocer los deseos y aptitudes de la tripulación. No es lo mismo ir con unos locos de la vela que quieren batir un récord de millas que ir con gente (como suele ser mi caso) que no es muy marinera, y que buscan bañarse en las calas más bonitas y arribar en los pueblines a tiempo para una buena cena.



Si no queremos hacer demasiadas millas porque la gente se agota, en un charter de una semana será habitual tener que sacrificar algunos destinos ya que no da tiempo a hacerlo todo. Lo ideal para un plan no muy estresante es pensar una ruta donde toque navegar todos los días unas dos o tres horas antes de mediodía, para llegar a alguna cala chula donde podamos bañarnos y comer. Después de la (obligada) siesta navegaremos otro par de horas para llegar aún con luz al pueblo o fondeadero dónde pernoctaremos. Por tanto como lo normal es navegar a una media de cinco nudos las distancias entre paradas no debe ser superiores a diez o quince millas. El último día seguramente nos tocara darnos el atracón final de millas para volver a la base al no ser que hayamos contratado un one-way.



Aunque esto no es parte de la preparación del viaje viene a cuento decir que aunque sea lógico querer ir con vela todo el tiempo, sí apenas sopla viento o éste viene justo en contra, y nos obliga por tanto a dar bordos que eternizan la travesía, será mejor renunciar a la vela y continuar el viaje a motor, para intentar cumplir con el plan horario, y que así de tiempo a comer y relajarse un poco. Depende en el fondo de los deseos de la tripu en cada momento claro.



Parte del plan debe ser a mitad de semana repostar agua en algún puerto principal y el último día repostar gasolina (si hemos tirado mucho de motor). Con un uso muy ahorrativo del agua de los depósitos éste durará un máximo de tres o cuatro días. (Yo por si acaso siempre me ducho en el mar y solamente al final me aclaro u poco con agua dulce.)



Aunque sea una gozada dormir fondeados en alguna cala, lejos de la civilización, más de una noche conviene entrar en puerto, también por seguridad, y por avituallarse o lo que sea menester.



Entre islas o zonas de costa debemos saber cual es la capital o puerto más importante donde debemos acudir en caso de problemas, avería o mal tiempo. Habrá desde luego puertos o marinas en islas menores donde podemos atracar pero ¿vivirá algún técnico ahí? ¿Habrá repuestos? Conviene por si acaso siempre ir al sitio bueno en primera instancia.



Nada más sobre la planificación de la ruta. Para la tripulación novata doy ahora unos consejos de qué llevarse a un viaje en velero:




Qué llevar y qué no llevar


NO llevar:
  • Cualquier tipo de maleta. NO CABEN a bordo. Se deben llevar mochilas, bolsas, bolsos (cuántos queráis), pero no maletas.
  • Zapatillas/Zapatos con suela negra o que manchen al andar por la blanca cubierta de fibra o la teca. (a la inversa, como es conveniente ir calzado a bordo, traed al menos una pieza de calzado cómoda que NO manche.)
  • Cremas solares, aftersun, jabón, champú. Esto parece mentira, pero me refiero a que mejor lo compramos entre todos el primer día, con el fondo común.

Sí llevar:
  • Ropa de veraneo y verano (bañadores, bikinis, camisetas), pero cuánto menos mejor.
  • Gorra, gorro, pamela o similar
  • Gafas de sol
  • El tubo y las gafas. Las aletas son una pelma de llevar.
  • Gafitas de natación son muy recomendables para nadar por el mar.
  • Camiseta/traje corto de neopreno o similar es útil para bucear pero es un coñazo llevarla. (opcional)
  • Una chaqueta o forro polar para el fresquito de la noche
  • Chubasquero, cortavientos, o incluso la “chupa” de esquí (sin su forro). Puede ser muy útil por si toca navegar con algo de viento y refresca.
  • Chanclas para las duchas públicas de los sitios (fundamental!)
  • Si alguno lo tiene, cargador del móvil de mechero
  • Ipod y demás electrónica "enchufable" (yo suelo llevar un adaptador de FM de ipod para conectarlo al barco)
  • Zapatillas de deporte cómodas para las excursiones y paseos que hagamos en tierra
  • Si tenéis, esas zapatillas de goma (tipo spiderman) muy útiles para andar por las rocas
  • Los chicos (sobre todo) si tenéis, guantes de pesas o guantes de barco, para trabajar con los cabos y no hacerse roces o heridas. (yo suelo llevar varios pares para repartir)
  • Biodramina: con Cafeína. La de color naranja. Útil para tomar el primer día por si acaso, aunque no conviene abusar porque amuerma un poco. Si a alguno le cuesta conciliar el sueño, no viene mal llevar la biodramina sin cafeína, la de color amarillo. Pero ojo, solamente para tomar por la noche, porque (al menos en mi experiencia) supone un potente somnífero.

Otras cosas útiles, que puede lleva el patrón (en su "maletín" personal):
  • Una o varias linternas (complementando a la que haya a bordo.) Es muy útil una estilo "minero" que se engancha en la cabeza y que permite moverse por cubierta por la noche.
  • Una navaja multiusos. (Si se puede... porque lo malo es que en los aeropuertos te la quitan...)
  • El cuaderno de bitácora (y un boli) y mecheros (para el gas de cocinar)
  • Unos cabitos cortos por si el barco no tiene suficientes.
  • cartas y derroteros de la zona
  • No olvidar el carnet de patrón por si nos lo piden

La Compra


Adjunto una tabla con una posible lista de enseres y sus cantidades para 1 semana completa en un barco de seis personas. Es una simple referencia, luego depende de si cenaremos mucho fuera, de si pararemos y podremos hacer compra en pueblos durante el viaje, etc. Si podemos avituallarnos durante el viaje es mejor no comprar demasiado en la compra inicial, que luego siempre sobra comida.





En general, no se deben llevar cosas frescas que se pongan malas rápido si les falta el frío ya que la nevera la desconectaremos todos los días para no agotar las baterías. Por ejemplo no es buena idea comprar kilos de jamón no envasado.



La fruta es muy agradecida, sobre todo en verano apetece piña, melón y sandía (que se pueden enfriar en el mar previamente). También ensaladas de lechuga y pasta. Las cosas de cortar como el queso y el fuet aguantan bien. De postre es muy fácil y agradecido tener tabletas de chocolate.



Respecto al agua, habrá que llevar bastante, también como medida de seguridad. No es conveniente comprar garrafas de 5 litros que pesan demasiado y son incómodas. Es más práctica la botella clásica de litro y medio.



En uno de mis primeros viajes para no tener que fregar compramos vasos y platos de plástico. Fue una mala idea puesto que la enorme cantidad de basura que se genera es insostenible. Es mejor fregar religiosamente mediante los correspondientes turnos. Eso sí, conviene comprar unos pocos vasos de plástico duro para tomarse refrescos durante la travesía, ya que si usamos un vaso de cristal durante la marcha y se cae los cientos de cristales sobre cubierta generan un serio problema.



Por último, en una salida de finde, no merece la pena comprar azúcar y sal y es mejor llevarlo de casa.


La lata de atún nunca falla


Kike, 29 de mayo, Madrid



domingo, 15 de mayo de 2011

Atraque con Ancla

Atraque con ancla (y fondeo con amarras a tierra)




Veleros atracados con ancla (algún pueblo griego, verano 2009)


Hola,

Hoy voy a retomar el tema de las maniobras. Nos faltaba por ver una de las más temidas, la de atracar con el ancla.

En todos los puertos, marinas y clubes náuticos en el mediterráneo español, lo más habitual es que los puntos de amarre dispongan de un muerto con un cabo hundido que sirve para amarrar el extremo exterior del barco, normalmente la proa.

Sin embargo, en otras zonas del mediterráneo, como por ejemplo en las islas griegas, dónde es posible atracar en los muelles y paseos de los pueblos que se visitan, no encontraremos tales muertos y es necesario realizar la maniobra de atraque con el ancla.

A la ya de por si dificultosa maniobra de atraque se añade un nuevo aliciente, fondear el ancla delante del punto de amarre. Cuando me enteré, durante la preparación de mi crucero por el Golfo Sarónico (hace ya casi 2 veranos) de que esto era así, me preocupe de buscar en Internet descripciones de esta (por mi) temida maniobra. Las descripciones en algunas Web (en inglés) encontradas me resultaron bastante útiles para lanzarme a la aventura. A continuación describiré la maniobra, basándome en parte en lo leído en su día pero sobre todo en mi propia experiencia.

Resulta que esta maniobra de atraque con ancla es prácticamente idéntica a otra que ya veníamos realizando más frecuentemente, la de fondear en una cala echando unas amarras a las rocas. (Esta última maniobra nunca había sabido muy bien cómo hacerla correctamente hasta que me he percatado de la similitud con la primera.)

Por tanto aprovecho este post para describir también la maniobra de fondeo con amarras. Pero empecemos por la más complicada, que es la del puerto o muelle.

Atraque en un muelle (con ancla)

La preparación de la maniobra de atraque (amarras, instrucciones a la tripu, etc) será como siempre (ver post de maniobras en puerto). Solamente hay dos diferencias fundamentales. Esta vez en lugar de asignar a algún tripulante la tarea del muerto debemos mandar desde el principio a alguien a proa (calzado) para manejar el ancla. La otra diferencia es que el viento, aunque nos vaya a afectar desde luego no determina la estrategia de la maniobra.

Un vez encontrado un hueco en el muelle (lo cual a menudo es misión imposible si estamos en un mes de verano) nos debemos situar perpendiculares al muelle con la popa enfilada, a una distancia alejada de varias esloras. El proceso consiste en ir filando cadena mientras damos marcha atrás hasta llegar al punto final de atraque.


La decisión de dónde echamos el ancla es muy importante. Cuanta más cadena larguemos mejor y por eso típicamente dejaremos caer el ancla cuando nos encontremos a unas cuatro o cinco esloras del muelle. (Resulta útil estimar distancias con la eslora de nuestro barco.) Pero ojo, el número de esloras que determinemos depende de cuánta cadena podamos largar. El cálculo es fundamental:

Lo primero es saber cuánta cadena (más cabo de fondeo si lo hubiese) podemos largar como máximo, bien por que es la que dispone el barco o bien podría ser algo menor si nuestro molinete tiene poca fuerza para levar (a posteriori) todo el peso del fondeo. También debemos fijarnos en la profundidad que marca la sonda. Desde el punto donde cae el ancla hasta llegar al muelle, aproximadamente la cadena se extenderá a lo largo de la profundidad más el número de esloras que nos habíamos alejado del muelle menos una ( - puesto que una eslora no cuenta ya que la cadena cae desde la proa.)

Por tanto la longitud en esloras máximas desde el muelle (donde podremos tirar ancla) es igual a la longitud máxima de cadena menos profundidad más una eslora. Se trata de evitar que nos quedemos sin más cadena que filar cuando aún estemos a varios metros del muelle!
Veámos un ejemplo.






En el puerto de Simi, en el Dodecaneso Griego, la sonda marcaba mucho, unos 30 mts. Con una cadena disponible de tan solo 60 mts en nuestro velero de 12 mts tan sólo nos podíamos permitir empezar a largar a 3 esloras del muelle, ya que 30 + (3-1)*12 = 54, algo menos de los 60 mts. con poco más de 3 esloras, casi seguro que nos quedamos sin cadena antes de llegar al muelle.

Otra precaución. Para la estimación de esloras se suele uno fijar en los barcos ya atracados, y se cuenta desde la proa de ese barco una primera eslora. Esto puede llevar a error si el velero vecino que miramos como referencia es mayor, o incluso bastante mayor. si por ejemplo es una goleta de 20 mts de eslora su proa ya supone una distancia al muelle de 2 esloras de nuestro modesto 39 pies (12 mts).

Y un último consejo relativo a la elección del punto donde empezamos a largar. Debemos ignorar las imprecaciones del expertísimo pero impaciente marinero del pueblo que nos asistirá con las amarras, y que nos gritará desde el primer momento para que larguemos lo antes posible. Solamente nosotros como patrones conocemos nuestro barco, cadena, sonda, etc y por tanto habiendo realizado el rápido cálculo mental habremos determinado la distancia adecuada. Es necesario “aislarse” de estos factores externos que contribuyen al fracaso de la maniobra.

Por fin, en el punto determinado daremos al tripulante en proa la orden de largar ancla (previamente la habremos puesto a la pendura, igual que en cualquier otra maniobra de fondeo). Mientras cae el ancla inicialmente iremos suavemente hacia atrás y en el momento que notamos (o nos comunican) que toca fondo daremos un tirón fuerte atrás para clavar el ancla. A partir de ese momento, la clave de la maniobra es que la cadena se mantenga un poco tensa durante todo el tiempo que vamos marcha atrás. Esto se consigue filando cadena a medida que el barco retrocede. Es decir en vez de largar a tope cadena como se hace en la maniobra de fondeo normal, debemos ir soltando cadena gradualmente de modo que ésta se mantenga algo tensa. Si el barco retrocede lento, se filará cadena más lentamente y si el barco va atrás rápido habrá que filar más rápido. En el segundo caso, si vamos demasiado rápido atrás la persona en proa que maneja el mando del ancla deberá indicarle al patrón que reduzca la marcha si la cadena se está tensando demasiado a pesar de filar a la máxima velocidad que permite el molinete. Hay que tener cuidado de no tensar demasiado la cadena por si se rompe el fondeo.

Como se aprecia, más que nunca, la actuación del tripulante con el mando del ancla es determinante en esta maniobra luego asignaremos esta tarea a la persona con mayor habilidad y experiencia.

Como el ancla irá tenso, la proa estará “clavada” mientras retrocedemos y esto nos ayudará a que no derive el barco, incluso aunque haya viento lateral. Esto es una gran ventaja y facilita enormemente esta maniobra. En cualquier caso, si el viento es fuerte debemos ir atrás lo más rápido posible.

Al ir a largar y durante toda la marcha atrás, es importante que la embarcación se mantenga lo más recta y alineada posible con el punto de atraque en el muelle, para que nuestra cadena vaya cayendo también recta y no se mezcle y enrede en el fondo con las cadenas de los vecinos existentes o futuros. Si caemos haciendo zig-zag va a ser seguro el problema con el ancla del vecino en la maniobra posterior de salida. Ir rápido atrás también nos ayudará a mantener la alineación.

Cuando por fin llegamos a un metro del muelle frenaremos si fuese necesario la embarcación (máquina avante) y echaremos amarras a tierra, como ya se describe en post previos. Una vez que hemos tensado las amarras, sobre todo la de barlovento en popa, debemos tensar el fondeo, recogiendo un poco de cadena.

Finalmente si se hace bien el cálculo inicial, la maniobra no es para tanto, ya que como hemos visto, al mantener la proa clavada ésta no deriva y facilita mucho la maniobra.

Marcha atrás, filando cadena (puerto de Poros, Grecia, 2009)

Fondeo con amarras a tierra

A menudo, en alguna cala o fondeadero dónde no haya mucho espacio y no podamos bornear, deberemos fondear echando desde la popa unos cabos a tierra, afirmándolos a unas rocas o árboles etc. El procedimiento en sí es muy similar al de atracar con ancla en un muelle.

Igualmente nos situaremos perpendiculares, alejados del punto final y filaremos cadena mientras retrocedemos del mismo modo descrito antes. Echaremos mucha cadena, aunque esta vez el cálculo de antes ya no es tan crucial puesto que acabaremos bastante alejados de las rocas.

Nuevamente, al igual que en el muelle, no tenemos que aproarnos al viento para echar el ancla, sino que nos situamos perpendiculares a las rocas. Lo que si es importante y novedoso en esta maniobra es que debemos preparar previamente los cabos de popa que acabarán afirmados en las rocas.

Necesitaremos dos cabos de amarra largos, de unos 30 mts. En caso de que tengamos que hacer un empalme de cabos más cortos, creo que el método más resistente es hacerlo enlazando sendos ases de guía en cada extremo (, es mejor que una vuelta de escota o nudo llano).

Para la preparación de las amarras en popa planteo dos casos.

El primer caso corresponde a una situación de muy poco viento en el que el plan es hacer una parada rápida para comer y/o bañarse etc, es decir, no se va a pernoctar. En este caso, considero que es suficiente preparar una sola amarra inicial, con un extremo afirmado en la cornamusa de popa de barlovento y que dejamos de momento adujada y lista para ser largada más adelante a tierra. Realizaremos la maniobra de echar ancla a cierta distancia hasta pararnos en el punto prudencial que consideremos ya cercano a las rocas. En ese momento, mandaremos a un buzo que vaya nadando con el cabo desde la popa hasta las rocas, y una vez allí lo afirme a una roca, saliente o árbol. Si el buzo no sabe hacer el as de guía, lo haremos nosotros previamente en el barco, teniendo en cuenta que ha de hacerse una gaza grande, para poder enganchar una roca gorda. Conviene además que el buzo lleve un calzado adecuado, escarpines o botas de agua o similar, para evitar lesiones con erizos de mar, corales y demás.

Una vez fijado el cabo en la roca, se tensará desde la popa. Para tensarlo es buena idea darle vueltas alrededor del winch que normalmente usamos para las escotas del génova. Tras tensar la amarra, daremos también tensión a la cadena en proa, recogiéndola un poco. De este modo queda el barco perfectamente amarrado por ambos extremos.

El cabo de popa normalmente se pone hacia un lateral del barco, en el lado de barlovento (siempre!!!). Lo normal será finalizar la maniobra poniendo otro cabo largo en el otro extremo que es la amarra de sotavento. Solamente en este caso concreto, de viento muy flojo se puede omitir este último paso y en tal caso el (único) cabo en tierra lo situaremos algo centrado respecto a la embarcación. Esto nos permite que un único cabo haga a la vez las funciones de amarra de barlovento y sotavento. (Esto creo que es una innovación mía, que me ha funcionado en varias ocasiones, y no sé si es una buena práctica marinera, pero evita la molestia de tirar otra amarra de 30 mts a las rocas cuando solamente se trata de una parada para comer!)

El segundo caso es aquel en el que tenemos que preparar muy bien las amarras para la noche y/o hay bastante viento lateral. Con el viento lateral no será posible a que el buzo que mandamos a posteriori coloque la amarra en la roca, ya que para entonces el barco se habrá derivado para poner su proa al viento.

En este caso, el método es algo más laborioso. Antes de comenzar la maniobra enviaremos a dos marineros en la dingui (con los remos) y con todo el cabo de 30 mts hacia las rocas. Esperaremos a que fijen un extremo del cabo en una roca y regresen con el otro extremo hasta una distancia cercana al costado de barlovento donde acabará el barco tras la maniobra. Podremos ahora realizar la maniobra de alejarnos con el barco, echar ancla y filar atrás hasta el punto final. En ese momento, dispondremos rápidamente de la amarra de popa de barlovento que nos alcanzarán los marineros desde la dingui. Tras tensar esta amarra (con ayuda del winch) y recoger un poco de cadena, podremos fijar tranquilamente la segunda amarra en popa, ya sea con la dingui o con el método del buzo.


Dos intrépidos marineros se aventuran con la dingui a colocar el cabo en tierra
(isla de Spetses, Grecia 2009)


Huelga decir que en invierno, o con agua fría, conviene aplicar también el método de la dingui, para evitar el chapuzón del buzo…

Por último mencionar, que no es para nada más seguro fondear el barco con las amarras a tierra. La amarra de popa tensa el barco de modo que puede hacer garrear el ancla en proa. Si se suelta el ancla, estaremos muy cerca de las rocas.

Tampoco es el método más cómodo. El mejor fondeo, más seguro y cómodo es el tradicional, con solamente el ancla, y dejando al barco orientarse al viento suavemente, ofreciendo una mínima resistencia al mismo. No obstante, a menudo, no queda más remedio que echar las amarras a tierra por no haber espacio en la cala.


Madrid, 15 de mayo 2011

sábado, 9 de abril de 2011

Lazy Bag y Rizos


Más notas sobre la navegación a vela: Mayor Tradicional con Lazy Bag y Rizos Automáticos

En mi primer post de navegación a vela no se incluyen algunas notas de mi cuaderno que sin embargo pueden ser cruciales, en función de las situaciones que nos encontremos a la hora de salir a la mar. En este post y en alguno posterior voy a intentar cubrir todos estos temas pendientes.

En concreto, podemos tener la suerte de que nuestro crucero disponga de una vela mayor tradicional moderna, con lazy bag y rizos automáticos. Hoy hablaré de estos dos elementos, que omití (no adrede) en el post de febrero, y que sin embargo debemos conocer bien.

Y digo suerte porque considero mucho mejor la mayor moderna con rizos que la de tipo enrollable. (Esto ya lo he comentado en el post previo, disculpad que me repita). Aunque más que suerte, una de las grandes ventajas del patrón ocasional, que alquila veleros de charter, es que podemos elegir el barco. Mi recomendación desde luego es elegir un barco nuevo que siempre sufrirá menos averías, y con la mayor tradicional, es decir la no enrollable (– en inglés la mayor enrollable se llama “furling mainsail”). Os recuerdo que la principal razón, a parte de que se navega mucho mejor es que la mayor enrollable se atasca con suma facilidad a poco que no seamos cuidadosos al enrollar o desenrollarla. Es decir en mi humilde opinión es mejor evitar la “furling mainsail”.

Por tanto, si seguís mi recomendación es seguro que vuestro velero (si es moderno) tendrá su lazy bag y los rizos automáticos. (En la mayor enrollable evidentemente no habrá nada de esto, puesto que la vela se recoge dentro del palo y los rizos se hacen enrollando más o menos vela.)


El Lazy Bag

Como su propio nombre indica el lazy bag es la bolsa “para vagos” que se encarga de recoger y almacenar la vela mayor plegada sobre la botavara. Es un invento muy práctico y evita que tengamos que anudar la mayor con cabitos o gomas rápidamente antes de que se desparrame por la cubierta.

El lazy bag se sostiene mediante un sistema de cabos finos (ó más bien cordones). Por su fragilidad se pueden soltar o romper en condiciones duras si por ejemplo la vela da golpes. Esto es un inconveniente, aunque se puede vivir sin el lazy bag, sólo perderemos la comodidad que aporta.

Si los cabos del bag están demasiado tensos, dejan poco espacio entre sí para el recorrido vertical de la vela mayor. Al subir ésta, con un mínimo vaivén lateral, tropezará y se enganchará con los cabos, obligándonos a interrumpir el izado. Se debe estar pendiente de este problema durante el izado de la mayor, pero lo mejor, si esto nos sucede a menudo, es destensar un poco los cabos del bag y evitar así que entorpezcan la maniobra.

Los rizos automáticos

La otra gran ventaja de la vela tradicional moderna son los rizos automáticos. Me imagino que lo de “automático” viene del hecho que no es necesario ir al palo para fijarlos, ya que los cabos llegan, pasando por el piano, hasta la popa. La maniobra de poner rizos es relativamente fácil y rápida. Cada rizo se materializa en un cabo, que tiene un extremo en un ollado de la vela y dando una vuelta por el rail completo de la botavara (al igual que el pajarín) llega primero al palo y desde ahí hasta el piano donde se puede tensar.

En un velero de 36 a 42 pies suele haber 2 rizos y por tanto veremos dos cabos de rizos en los ollados. En veleros mayores de 44 a 50 pies, con mucho más palo, puede haber 3 rizos. Podemos identificar los cabos de los rizos incluso con la vela recogida, ya que pasan por el extremo de popa de la botavara. En este extremo veremos varios cabos alrededor de una polea múltiple. El cabo central será normalmente el pajarín y los cabos laterales son los rizos.

La vela mayor con lazy bag y rizos


Izar la mayor sin rizos

Sigue aplicando todo lo descrito en mi primer blog de navegación, solamente se añade la siguiente consideración:

Si queremos izar la mayor a tope, sin rizos, debemos asegurarnos de que los rizos están completamente sueltos. Para ello debemos abrir los stopper por donde pasan los rizos y quitar la aduja y líos de estos cabos dejando que corran libres durante toda la maniobra de izado. A menudo no podremos subir más la vela porque los rizos están tensos. Aparte de asegurarnos que los cabos corren libre en cubierta suele ser útil ayudar a destensarlos zafando sus extremos en la polea de la botavara (a popa) y tirando de ellos hacia fuera.

Poner un rizo

Cuando el viento arrecia, empieza a superar los 20 nudos, o notamos que nos cuesta controlar la embarcación, por ejemplo porque el timón está muy duro o la escora nos obliga a arribar constantemente, dando bandazos, sin duda, ha llegado el momento de poner un rizo. De hecho, se debe poner el rizo a partir del primer momento en el cual pensemos que podría ser conveniente poner un rizo, es decir no hay que esperar a que la cosa pueda empeorar. La decisión se debe tomar enseguida.

Poner el rizo es tan fácil como tensar al máximo el cabo correspondiente. Si tenemos la vela izada a tope, tendremos que aproarnos y cazar bien la escota de mayor. Cuando la vela empieza a flamear debemos dejarla caer un tramo, amollando la driza poco a poco a la vez que cazamos el cabo del rizo. El rizo aprisionará la parte baja de la vela sobre la botavara. Una vez que hemos tensado a tope el cabo del rizo volveremos a izar al máximo la vela con la driza (hasta que veamos la arruga en la mayor). Esta vez la vela quedará a media altura. Recordemos que tanto la driza como el rizo se deben pasar al inicio de la maniobra con un par de vueltas por los winches en cubierta, y que al final de la maniobra haremos uso de las manetas para tensar los cabos al máximo. No olvidemos cerrar el stopper que impide que el rizo se vuelva a destentar.

Si vamos a poner el segundo rizo, tras fijar el primero, soltaremos más mayor y procederemos a tensar este segundo rizo. Al final cazamos la vela a tope que quedará esta vez en una posición aun más baja.

También existe la posibilidad de que estando la vela recogida, ya en primera instancia decidamos izarla con uno o dos rizos. En tal caso, cazaremos los cabos desde el primer momento de modo que la vela se izará solamente hasta la altura máxima que los rizos permitan.

De hecho, siempre que vayamos a izar la mayor debemos considerar si es conveniente hacerlo desde el principio con uno o dos rizos. Si tenemos buen viento o el parte indica que va a arreciar, es mejor izar ya con los rizos puestos que desplegar todo el trapo y luego al poco rato arrepentirnos.

Quitar un rizo

La decisión de quitar los rizos durante la navegación sigue el proceso inverso que la de ponerlo. Esta vez, no nos precipitaremos y esperaremos un rato hasta confirmar que efectivamente es mejor navegar con más trapo, porque definitivamente el viento ha caído.
Para quitar el rizo volveremos a aproarnos. Al flamear la vela dejaremos libre el cabo del rizo, abriendo el stopper. Al mismo tiempo empezamos a izar al máximo, con la ayuda del winch, la driza de la mayor.


Navegando por Palma, Semana Santa 2009



Madrid, 9 de abril de 2011