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martes, 25 de octubre de 2011

Travesía Barcelona - Mallorca





A BORDO DE BONARDA - 28 SEP AL 2 OCT, 2011



La Ruta: El Masnou-Cala Formentor-Pto Pollensa-Pto Sóller-Sa Calobra-Barcelona-El Masnou


A través del Foro de Navegantes de la Taberna del Puerto, nos hemos juntado unos amigos para dar un "pequeño" salto a las Baleares, nada menos que saliendo desde Barcelona!

Hasta prácticamente el último día no hemos tenido claro ni el barco que alquilamos ni el puerto de salida. Sobre el parte de viento también ha habido polémica (ver post en la taberna) aunque en ningún caso esperábamos más de 15 nudos de través. Por suerte, se presenta un potente anticiclón en el centro de Europa, que frena cualquier pequeña borrasca que se pueda aproximar por el oeste, y en resumen, nos espera para los cuatro días un maravilloso y estable Gregal (NE) que nos vendrá de cine.

Finalmente alquilamos un Bavaria 36 del año 2011 (de nombre Bonarda, un barco nuevo nuevísimo) con base en el Club Náutico del El Masnou, al norte de Barcelona.



Checking-in Bonarda



1º DIA – Miércoles Noche, Travesía Barcelona-Cabo Formentor

La salida está programada para el miércoles, día 28 septiembre, por la tarde / noche. Somos sólo cuatro tripulantes. Wery, Angel y Oscar, que son de Barna, ya habían hecho la compra de víveres y sobre las 20:00 horas del miércoles, para cuando me presento yo en el barco, han terminado de estibar todo y han completado el check-in.

Wery, que también es Patrón de Yate me enseña el barco. Todo se ve en orden, disponemos de 50 metros de ancla, con un molinete en perfecto estado, 10 chalecos a bordo, aunque sólo 2 arneses (en contra del reglamento, creo). El barco dispone de tele y microondas y hasta de un inversor de 12 a 220V para hacer uso de estos electrodomésticos fuera de puerto! (…que por supuesto no usaremos). Las sentinas están limpias y el depósito de aguas sucias seguramente esté cortocircuitado, porque durante el check-in no han comentado nada del tema.

Somos incapaces de cerrar el bimini que nos podría molestar en la navegación. Más adelante, tras llamar al personal del charter averiguaremos que había que desenroscar una llave en la barra de popa. Por suerte, finalmente el bimini no molesta nada, ni siquiera con la vela, así que se queda puesto durante casi toda la travesía.

Mirando el mapa, y teniendo en cuenta que es un plan de tan sólo 4 días, decidimos fijar
el rumbo al norte de Mallorca, es decir vamos directos al cabo Formentor. Aproximadamente nos esperan 115 millas de travesía. Ya habíamos estimado previamente que podemos tardar unas 22 horas (a 5 nudos de media) y por tanto era importante zarpar antes de las 21:00-22:00 para llegar al día siguiente, con algo de luz diurna a nuestro primer destino.

Tras comer un rápido tentempié, antimareo, estamos por fin listos para zarpar! Sobre las 21:00, con noche cerrada, y por supuesto con las luces de navegación, el Bonarda emprende el viaje con rumbo 155 grados, SE, a nuestro primer destino, el Cabo Formentor.



Los 4 intrépidos marineros del Bonarda


Durante las primeras 6 horas de viaje, hasta las 3am, el viento no supera los 8 nudos reales, y por tanto no tenemos más remedio que ir a motor. Aunque, por supuesto, desde un inicio llevamos la vela mayor izada y abierta a estribor, aprovechando el empuje que nos aporta el viento que entra por la aleta de babor. Por cierto, por desgracia, la mayor es enrollable, aunque no nos quejaremos demasiado porque resulta ser bastante grande y porta bien.

Para ahorrar al máximo combustible vamos siempre a 2000 rpm, alcanzando aún así los 6 nudos. La mar está bastante tranquila, las olas que en teoría nos vienen atravesadas apenas se notan, así que vamos más cómodos de lo esperado.

Durante las primeras horas de navegación nocturna, Wery y yo tenemos la oportunidad de aleccionar al resto de la tripu (no experimentada) sobre la interpretación de las luces de los barcos distantes. El verde marca la proa de estribor, la luz blanca de alcance, etc. En una ocasión nos toca desviar el rumbo momentáneamente para salirnos del rumbo de colisión con otro barco que se aproxima peligrosamente.

Para la travesía nocturna establecemos guardias por parejas. La primera, de 12 a 4am, la hacemos Oscar y yo. Combatimos el cansancio con un café caliente y galletas de choco. También nos entretenemos jugando con el plotter, ubicado muy convenientemente en la bañera, encima de la rueda. Fijamos modo noche con mínimo brillo para que no nos moleste la luz de la pantalla. El barco dispone de radar, que se puede visualizar también en el plotter. Resulta ser extremadamente útil para la navegación nocturna.

A las 3am, el viento real sube hasta unos tímidos 10 nudos y como viene de un largo decidimos probar la vela. Al desenrollar el génova, resulta que no es tal, sino que es más bien un foque, es decir un trapo bastante pequeño. A pesar de todo, el barco navega bien, a unos 5 nudos; el rumbo de un largo es el más efectivo! En ocasiones el viento real sube a 11-12 nudos, y la velocidad se mantiene siempre con una buena eficiencia del 50%. Durante el resto de la noche y día iremos a vela, y solamente en las últimas horas antes de llegar a Mallorca caerá el viento obligándonos de nuevo a tirar de motor.



2º DIA – Jueves, Arribada a la Cala Formentor


Sobre las 15:00 del jueves, cuando estamos a unas 15 millas del Cabo, por fin divisamos tierra en el horizonte.

"Tierra a la Vista" (Hemos descubierto Mallorca!)


A las 18:00, tras 21 horas de viaje, 12 de vela y 9 de motor, llegamos por fin al cabo Formentor. Impresiona arribar a los enormes acantilados que componen este bello paraje, símbolo inconfundible de la isla de Mallorca.


Arribando al Cabo Formentor (Nor-oeste de Mallorca)



Decidimos pasar noche en la cala Formentor, al lado de la bahía de Pollensa, y enfrente del famoso hotel de lujo del mismo nombre.


Aproximación a la Cala Formentor


En este sitio, está prohibido echar el ancla, para proteger la Posidonia del fondo marino. Nos amarramos a una boya al resguardo del islote que hay al norte de la cala. En esta época del año hay múltiples boyas libres, de distintos colores, supongo que cada color corresponde a una eslora, pero como no tenemos ni idea y nuestros derroteros no están nada actualizados (en uno de ellos la cala ni siquiera aparece urbanizada!!), pillamos una boya cualquiera. Tampoco tenemos la ocasión de preguntar porque nadie viene a cobrarnos, ¿serán gratuitas?


Islote Formentor (al norte de la Cala Formentor)



Amarrados a una boya en la Cala Formentor

Una vez realizada la maniobra, hinchamos la dingui, que había reposado todo el viaje sin aire y plegada en la cubierta del barco (muy convenientemente). Tras un poco de deporte de remo y natación, preparamos la cena. De postre, para celebrar mi cumple, tomamos unos bollitos de chocolate. La fiesta dura poco ya que estamos totalmente agotados del viaje, y a las diez de la noche ya estamos fritos. Ha sido un buen día de cumple, pasado prácticamente completo en alta mar!


3º DIA – Viernes, BAHIA DE POLLENSA y PUERTO DE SOLLER




Tras un sueño reparador y un breve desayuno decidimos desplazarnos a la aledaña bahía del Puerto de Pollensa, para ver el puerto y sobre todo para comprar provisiones, que a estas alturas, con lo tragones que somos, ya no nos queda pan, ni embutido ni nada de picar.

De camino a la bahía nos cae un breve chubasco pero enseguida despeja y para el resto del día volveremos a tener el mismo clima veraniego que nos ha acompañado todo el viaje.


Mansión de Lujo en la Punta de la Avanzada (entre bahía Pollensa y Formentor)


Muy cerca del Puerto realizamos nuestra primera maniobra de fondeo. Hay tan sólo 4 metros de profundidad en toda la zona; echamos unos 15 metros de cadena. El barco tiene un eslabón de un color cada 5 metros así que no tenemos las clásicas dificultades para estimar los metros largados de cadena.


Zona de fondeo de barcos en el Puerto Pollensa


Después de la comprita pasamos una hora más bañándonos y practicando el remo con la dingui. Sobre las 13:00 zarpamos rumbo al Puerto de Sóller. El plan es llegar ahí antes de que anochezca, haciendo una corta parada para comer en alguna de las espectaculares calas de la cara nor-oeste de Mallorca.

Sopla nuestro gregal (NE) de siempre, así que en el primer tramo, entre el Puerto Pollensa y el Cabo Formentor tenemos el viento totalmente de proa. Durante casi una hora navegamos dando bordos de ceñida.

No había comentado antes que el barco tiene un novedoso sistema de doble escota de mayor sin carro. Desde la botavara sale una escota hacia cada banda, con lo cual al trimar la vela en una banda habrá que cazar el lado de barlovento a la vez que se larga la escota de sotavento. A priori no tenemos muy claro como funciona, pero al hacer las viradas nos toca aprender rápido. En cada virada tenemos que largar una escota a la vez que se caza la otra, lo mismo que se hace para el génova. Nos damos además cuenta que una de las ventajas de este mecanismo es que en rumbos portantes, la escota de sotavento si se mantiene algo cazada, puede hacer las funciones de retenida.


Mecanismo de doble escota en el Bavaria


Viendo lo apretado de nuestra agenda, y que Sóller está bien lejos, tras navegar un rato a vela con el viento en contra, encendemos motor y ponemos proa directa al viento.



Últimas Escenas del Cabo Formentor


Una vez doblado el cabo Formentor el viento nos entra de popa redonda. Rehaciendo el cálculo de distancia hasta el Puerto de Sóller nos damos cuenta que no dará tiempo parar para comer. Aun nos quedan 30 millas y llegaremos sobre las 19:30-20:00, justo al anochecer.

El rumbo al que tenemos que ir para llegar a Sóller es más o menos de popa redonda aunque debemos caer unos grados a babor. Por tanto vamos alternando un poco de navegación de aleta con popa redonda. Por fin podemos practicar la empopada (ver post anterior). En la popa redonda navegamos con las orejas de burro, recordando siempre que la rueda tiene que ir hacia el lado opuesto de la vela que se pincha.


Orejas de burro en popa redonda


En orejas de burro, por seguridad, navegamos siempre algo orzados, de modo que llevamos el génova al límite, es decir siempre a punto de caer, arribando un poco para evitarlo. De todos modos, aprovechamos el mecanismo de doble escota, de modo que la escota de sotavento hace de retenida y da bastante tranquilidad. Aunque vamos muy atentos, las olas y el viento van creciendo por nuestra popa, y es no es fácil mantener el rumbo estable. En tres ocasiones la mayor traslucha accidentalmente. Cuando esto sucede la escota que hace de retenida da un fuerte tirón y mantiene la botavara en la banda central. Rápidamente cazamos la otra escota (la que era de barlovento) y volvemos a virar para colocar la botavara en la banda correcta, largando de nuevo escota.

El viento real llega a subir a poco más de 20 nudos, en ese momento nos planteamos rizar, ya que aunque vamos tranquilos, no conviene ir pasados de vela por si toca cambiar el rumbo, como reza mi post “La Empopada”. Finalmente no lo hacemos, a estas hora de la tarde lo más probable es que el viento empiece a caer y ya vemos nuestro destino muy cerca.

Tras varias horas navegando de popa, por fin, ya algo cansados, arribamos al Puerto de Sóller, casi a las 20:00.

El Puerto está formado por una bahía natural, muy resguardada, y muy bonita. Hay algunos barcos y encontramos un buen hueco en el medio de la bahía, al lado de un moderno velero azul, chulo, con bandera belga.

Con noche cerrada ya, desembarcamos en el Puerto y vamos paseando a cenar a un restaurante donde nos dan pescado típico de la zona (yo me tomo un Cap Roig delicioso). Nos acompaña Sabina, una amiga de Sergio que vive en Palma y que se ha acercado a tomarse algo con nosotros. Después de la cena y unos mojitos de postre nos volvemos al barco, donde redondeamos la noche con un par de copas adicionales, antes de irnos a dormir, agotados del intenso día de navegación.



4º DIA – Sábado, Sa Calobra y Travesía de Vuelta

Antes de zarpar hacia nuestro siguiente destino, volvemos a practicar un poco de remo y natación matutina. Por cierto, en medio de la bahía de la Sóller, cerca de dónde hemos echado al ancla, yace en el fondo del mar un velero antiguo, parece que de pasajeros. La zona está balizada y asoman del agua las puntas de los dos mástiles del pecio. Merece la pena pasar buceando para ver el barco hundido.



Puerto de Sóller



Salida de la bahía natural del Pto de Sóller


El plan es subir a Sa Calobra, tan sólo a 10 millas al norte. Nos han informado que el acceso por carretera a esta cala está actualmente cerrado, por el rodaje de una nueva peli de piratas, protagonizada por Halle Berry, entre otros muchos famosos !! Con la ilusión de conocer a la espectacular actriz navegamos rumbo nuestro siguiente destino. El viento ahora, por supuesto, sopla de proa, y con bastante intensidad. Los bordos de ceñida que damos nuevamente nos eternizan el viaje, aunque ahora Oscar y Ángel se animan por fin a practicar la vela. Al rato, decidimos encender el motor para llegar a La Calobra justo a tiempo para bañarnos y comer.



Navegando rumbo Sa Calobra


La cala es preciosa y el baño es gozoso. Lo único malo es que la mini-playa, que conduce al famoso Torrent de Pareis está abarrotada de turistas, que han llegado a pasar el día con los ferrys que se desplazan desde Sóller.



Fondeo en Sa Calobra


La calita de La Calobra


Desembarcamos a remo y damos un paseo por un camino entre las rocas que lleva al extremo opuesto de la cala. Desde la roca, las vistas de la cala son espectaculares, y además durante nuestro paseo entra en la bahía una goleta antigua, seguramente del siglo XVIII, preciosa. Claro, el barco pirata de Halle Berry!!!! Emoción y alboroto! Como se nos ha olvidado a bordo la cámara de fotos, pedimos a unas niñitas catalanas que justo pasaban por allí con su cámara, que nos hagan una foto. (Con el permiso de la madre, por supuesto, les pasamos un email para que luego nos la envíen.)


El barco pirata de Halle Berry


De vuelta en el barco, mientras unos preparan la comida, los otros vigilan a bordo, no vaya a ser que desembarque algún famoso de la goleta y nos lo vayamos a perder. Finalmente parece que el barco, aunque chulísimo, no es el de Halle Berry… se trata del "Sir Robert Baden Powell" (mirando en casa en la web averiguo más adelante que es un Clipper holandés construido el año 57 y que han armado sus nuevos dueños para el disfrute de turistas y buceadores). Oooohhhh.



La realidad: El Sir Robert Baden Powell


Los belgas del barco azul deportivo que vimos en Sóller están fondeados al lado nuestro. Resultan ser unos “estiraos”, porque apenas saludan y encima nos dicen que movamos el barco, ya que consideran que hemos fondeado demasiado cerca de ellos. No es necesario, ya son casi las 17:00 horas y decidimos emprender nuestro viaje de regreso. Se nos ocurre que si llegamos a mediodía a Barcelona, podemos invitar a algunos amigos, que se han queda en tierra, a dar una vuelta por la bahía antes de entregar el barco de vuelta en El Masnou.

Nada más salir del resguardo de Sa Calobra, nos enfrentamos a un viento bastante fresco, de 20 nudos y con olas de través de consideración. Al desenrollar la mayor sale entera pero como queremos reducir trapo, enseguida amollamos pajarín mientras tiramos del enrollador. La vela se queda muy abolsada y dando golpes con el viento hasta que me doy cuenta que el problema es que la vela no se ha enrollado nada dentro del palo. Insistiendo con el enrollador queda la mitad de la vela guardada y ahora empieza a portar bien.

Fijamos el rumbo a la bahía de Barcelona, a 345 grados, que resulta ser a un descuartelar, entre la ceñida y el través. Con 20 nudos reales y aparentes, rizados, con media mayor y todo el foque (ya que es pequeño), alcanzamos la velocidad de crucero de 7 nudos. Muy divertido! Escorados y con olas de través, algo molestas. Si mantenemos los 7 nudos haremos las 115 millas en 16 horas! Como es probable que vayamos a estar con este viento durante la noche, llega la hora de ponerse los chalecos, que hasta ahora no nos habíamos ni probado (mal hecho!).

Durante la primera parte del viaje, poco antes de que anochezca, recibimos la visita de unos amables delfines, que se aproximan a nuestro casco y durante unos minutos nos amenizan el viaje con sus espectaculares saltos!!

Como estamos cansados, empezamos temprano los turnos de guardia. Dentro, el barco se mueve muchísimo y marea un montón. El mejor sitio para dormir es fuera, dentro de la bañera, con el saco de dormir en la banda de sotavento, pero queda ocupado toda la noche por Ángel, que se marea y perdemos de vista tras tomarse la pastilla amarilla de “Matrix”. La biodramina sin cafeína es un potente somnífero, no quita el mareo, creo, pero te quedas frito!

Hacemos guardias entre los tres tripulantes que quedamos vivos, pero casi siempre queda despierto sólo uno, que el presupuesto de sueño no da para hacer parejas. A medida que avanza la noche el viento va cayendo poco a poco. Sobre la 1 de la mañana ha caído a menos de 15 nudos y la velocidad es de 5 nudos, así que decido desenrollar toda la mayor, ganando un nudo adicional. Se puede desenrollar toda la vela sin necesidad de aproar el barco. Muy cómodo! Sobre las 3am el viento cae por debajo de los 10 nudos y decidimos proseguir la marcha a motor.


5º DIA – Domingo, Barcelona


Amanecer en alta mar


La travesía dura hasta la 13:00 del día siguiente, domingo ya. Lo hemos conseguido en tan sólo 20 horas, haciendo una media de casi 6 nudos, no está nada mal!

Amanece un día buenísimo, soleado y de poco viento. La bahía de Barcelona está plagada de veleros. Lo de la crisis no debe ser para tanto! Hemos quedado con dos amigas de Sergio y otro amigo de Oscar en la gasolinera del Port Olimpic.

Arribada a Barcelona


Mientras esperamos a que lleguen los amigos al Port, practicamos un poco la vela cerca de la bocana. De pronto, aparece por el cielo un rugiente escuadrón de cazas de las Fuerzas Armadas, que sobrevuelan por encima de los barcos, en formación, haciendo piruetas y loopings, marcando el cielo con espectaculares estelas. ¡Vaya suerte que estamos teniendo en este viaje! Parece que esto es parte de las últimas celebraciones de la Diada de Cataluña.




Fotos del espectáculo aéreo


Cuando ya empezamos a superar el éxtasis de este momento, los amigos nos llaman. Ya están el Port, así que plegamos velas y entramos en la gasolinera del Olimpìc. Sergio se lo conoce bien, las defensas en la banda de estribor y en la bocana hay que entrar por el lado de babor mirando desde la mar, ósea justo al contrario de lo habitual. Repostamos 60 litros de gasoil, y estimo que habremos recorrido unas 30 horas a motor (nunca me acuerdo de apuntar las horas de motor el primer día!). El consumo es por tanto muy bajo, de 2 litros por hora, seguramente porque nunca superamos el régimen de las 2000 vueltas.



Entrada en el Port Olimpic de Barcelona



Mientras se llena el depósito, los amigos, Natalia, Jenny y Dani suben a bordo. Tras las presentaciones, zarpamos prestos para dar una vuelta por la bahía. Ahora el viento ha subido y está a punto de caramelo para la vela. Dani quiere practicar así que toma el control de buque. Probamos todos los rumbos y las viradas. Me doy cuenta que en las últimas horas de nuestro viaje es cuando empezamos a dominar el barco y las maniobras a vela. Siempre pasa lo mismo!

Subimos un poco al norte, con la idea de parar y darnos un bañito en la playa del Montgat, el pueblo anterior a nuestro puerto final. Parece ser que no conviene echar ancla en toda esta zona de la costa porque está repleto de cables submarinos así que decidimos acuartelarnos con la vela enfrente de la playa, para poder bañarnos y comer. La maniobra de acuartelarse, en sí, sale bien. Desde la ceñida largamos completamente escota de mayor y mientras el timón va hacia la virada (a barlovento) cazamos la contraescota del foque, sin cambiar esta vela de banda. El barco se queda clavado en el agua y para mantener el rumbo hacia la virada, con la rueda girada a tope, fijamos el piloto automático. Pero tenemos dos problemas. Primeramente, hemos hecho la maniobra demasiado cerca de la costa, y segundo, sopla bastante viento con olas, así que el barco deriva mucho y se aproxima peligrosamente a la playa del Montgat. Solamente da tiempo al baño de un par de tripulantes, ya que nos tenemos que mover enseguida. Con el viento y las olas que hay en toda la zona, decidimos mejor comer ya tranquilos en nuestro puerto destino, El Masnou.

La maniobra de atraque sale un poco regular. La estrategia de aproximación al punto de atraque es buena, pero el problema reside en no planificar bien la amarra de popa. En contra de la habitual, no asigno a nadie la tarea de fijar la amarra de barlovento, dejando este aspecto crucial a la improvisación. Hay viento lateral y entro correctamente, maniobrando de popa con buena arrancada por haber podido alejarme previamente casi en línea recta. Como hay un hueco doble me abro un poco a barlovento para que el barco derive hacia sotavento y acabe pegado al barco vecino. Hasta aquí muy bien. El caso es que cuando Dani salta a tierra, no hay nadie que le lance la amarra de barlovento desde el barco y en su lugar él me pasa una de las amarras con muelle metálico que está fijada en el atraque. La amarra que me pasa es la de barlovento, respecto al punto intencionado de atraque, pero como la popa aún no ha derivado, cometo el error de fijarla en la cornamusa del lado de sotavento! Por supuesto el barco se queda atravesado con la proa chocando contra el barco vecino. Nos quedamos así un rato hasta que nos damos cuenta y cambiamos la amarra de banda.

La lección aprendida es que es mejor usar las amarras del barco y no las de tierra con el muelle, primero para no confundirse de lado y segundo porque las del muelle son demasiado cortas. Y por supuesto hay que asignar una persona a la amarra de barlovento.

Hemos llegado al final de nuestra aventura. Tras una comida mix de todos los víveres sobrantes, lo celebramos con una copa de cava rosado y pastelitos, que Natalia y Jenny han tenido el detalle de traer. El check-out del barco transcurre sin problemas, aunque nos comentan que hemos enrollado al revés la mayor. Solamente se debe usar el cabo de enrollar en el sentido indicado y ya nos extrañaba que en el sentido opuesto también fuese, pero claro, de manera incorrecta. Por esta razón en los barcos de charter siempre se acaba atascando la mayor enrollable, por el mal uso que le damos los “carteristas”!


Ha llegado la hora de las despedidas, no sin antes planear las próximas salidas, hemos disfrutado tanto que tocará repetir, Ibiza, Ampuria Brava, o lo que sea.


La tripulación "ampliada" del Bonarda


Gracias a la tripulación del Bonarda y a los amigos invitados.

Fins la pròxima!

sábado, 24 de septiembre de 2011

La Empopada









En mi primer post que versa sobra la navegación a vela en cruceros, al hablar de rumbos portantes, básicamente me limitaba a describir la maniobra de izado y trimado del genaker. Hoy trato más a fondo la navegación en rumbos abiertos, que son los de un largo y de popa. Veremos que en estos rumbos las medidas de seguridad para evitar problemas son muy importantes.



El trimado (básico) de la velas

Al fijar un rumbo en el cual el viento entra por la aleta o por popa casi redonda, debemos amollar rápidamente la escota de mayor para abrir la vela hasta su punto de flameo. Cuanto más arribemos, más debemos abrir la vela, siendo el límite, según la embarcación, justo antes de tocar las crucetas, o los obenques, evitando que se deforme el trapo por el contacto con estos elementos.

El carro de escota de la mayor normalmente se situará en sotavento para permitir la máxima apertura de la botavara. La contra (o trapa), en rumbos portantes debe ir bien cazada, ya que en esta situación la escota, al ir abierta no lleva la botavara hacia abajo de modo que se escapa mucho viento por debajo, a la vez que se destensa la baluma. Al cazar la contra bajamos la botavara y tensamos bien la baluma.

Respecto al génova o foque, debemos soltar también gradualmente la escota que trabaja (con las precauciones habituales, varias vueltas sobre el winch, etc), nuevamente hasta el punto de flameo. En estos rumbos, el carro de escota de génova se debe desplazar hacia proa.

Los expertos regatistas tendrán mucho más que decir en referencia al trimado fino de las velas, para rascar hasta la última décima de nudo. Evidentemente, llegados a este punto, en una regata ya habrían izado el spinnaker…



Atentos a la trasluchada involuntaria

Los rumbos abiertos requieren una mayor concentración por parte del timonel, puesto que la mayor irá muy abierta, y una trasluchada accidental puede tener consecuencias fatales. Si nos despistamos y arribamos de más, de modo que el viento empieza a entrar por la aleta opuesta (por la lúa), la botavara junto con la vela, pasará a la banda opuesta (trasluchará) de manera repentina y violenta, causando una fuerte escorada y posiblemente rompiendo algún elemento de la jarcia, como la vela, un obenque, poleas, etc. Por si esto sucediese, es muy importante que durante la navegación con la vela abierta, toda la tripulación tenga, en todo momento, la cabeza por debajo del nivel de la botavara, para evitar un golpe con la misma, seguramente mortal.

Como digo, el patrón que navega en rumbo portante debe estar siempre atento y concentrado. Una vez fijado el rumbo, es útil tomar una referencia visual en la costa para mantenerlo. También considero imprescindible tener claro en todo momento qué movimiento de la rueda implica arribar y cual orzar, por si nos despistamos, estar seguros de que nuestros reflejos mueven la rueda hacia el sentido de orzar, evitando así la temida trasluchada involuntaria. Para ello recomiendo hacer un repaso mental, recordando que las velas (y la botavara) siempre están a sotavento, y que por tanto para orzar (que es virar a barlovento) debemos girar la rueda hacia la banda opuesta a dónde están las velas.

Por cierto, aunque esto se sale un poco del tema, para consultar la dirección del viento en los instrumentos, recomiendo siempre mejor mirar la veleta (la flecha) a tope del palo, en lugar del anemómetro, que podría estar descalibrado o ser impreciso. La veleta nunca nos engañará.



La virada por redondo

La virada por avante se hace orzando todo el timón, lo más rápido posible, con decisión. La virada por redondo también se debe hacer con decisión, pero en este caso, arribando despacio y gradualmente. A medida que arribamos debemos cazar carro y escota de mayor para minimizar el golpe controlado que dará la botavara al trasluchar. Normalmente, pasará primero el génova, al empezar a flamear éste, la tripulación largará la escota que trabajaba y cazará la escota en la nueva banda. Mientras no pase la botavara estaremos unos instantes navegando en "orejas de burro" (mayor y génova en bandas contrarias). Nada más pasar la botavara, debemos soltar rápidamente toda la escota de mayor (que habíamos cazado previamente) para que la vela se vuelva a abrir a tope en la nueva banda. Cuidado de no quemarnos las manos con la escota corriendo a gran velocidad, mejor llevar los guantes de protección.

En algunos foros de expertos (la taberna del puerto) he leído que conviene amollar la contra antes de realizar la virada, para que la vela pierda tracción y la trasluchada sea más suave. Por supuesto, si hacemos esto, volveremos a cazar la contra una vez finalizada la maniobra.



Navegar con seguridad en rumbos portantes

Aparte de lo mencionado hasta ahora, para una navegación segura y eficaz debemos tener muy en cuenta las siguientes medidas adicionales:

1. Rizar las velas según el viento real

En cualquier rumbo, el viento que cuenta, con el que navegamos, es el aparente. Cuando vamos de ceñida, nunca nos preocupamos del viento real, si éste es alto, el aparente lo será aún más, y si arrecia, es éste, el aparente, el que nos alarmará antes, y nos conducirá a la decisión de rizar las velas.

En rumbos portantes es justo lo contrario. Por supuesto seguimos navegando con el viento aparente, sólo que en este caso, el viento aparente es menor y por tanto nos podemos permitir navegar con un viento real mayor. Es más, cuanto más sube el viento real, más rápido vamos, y menor es el aparente. (Si esto no se entiende, invito al lector a pintarse los vectores del movimiento, viento real y la suma, que es el viento aparente…)

En conclusión, podemos navegar con más trapo, con un determinado viento real, que si fuésemos de ceñida. Ahora bien ¿que pasa si tenemos que cambiar el rumbo de manera repentina, por lo que sea (p.ej. hombre al agua)? En ese caso podríamos estar en un apuro (sumado al del hombre al agua) por tener que navegar en un rumbo pasado de vela, con un barco que ya no podemos controlar. Por otro lado, al tener poco aparente, corremos el peligro de relajarnos, y no darnos cuenta de la subida de viento, lo cual nos puede llevar a tomar la decisión de reducir trapo demasiado tarde.
Por tanto, la decisión de rizar la mayor en rumbo portante se deberá tomar con el mismo criterio de viento real con el que tomamos la decisión en ceñida. Nunca debemos confiarnos respecto a la intensidad del viento en rumbos portantes.

Recordemos que navegar con los rizos adecuados a las condiciones reinantes (barco, viento y pericia del patrón), aparte de tranquilidad, nos da más estabilidad y mayor control de la embarcación, seguramente sin perjuicio de la velocidad, al establecerse un correcto equilibrio de fuerzas y poder mantener el timón en el rumbo deseado.

Como siempre, conviene tomar la decisión de rizar con algo de antelación, al presentir o saber que el viento REAL puede subir. Si en ceñida no debemos pensárnoslo dos veces, en rumbo abierto no lo pensaremos ni una, y rizaremos de inmediato, ya que en el caso de rumbo abierto se suma otro problema: si navegamos algo pasados de viento, durante la orzada que debemos hacer para aproarnos y poner el rizo o recoger velas, al pasar por el través, el barco puede sufrir una fuerte escorada que puede llegar a ser peligrosa. Sobre todo si hay olas, que las habrá en estos casos, pasar por el través (siempre con la vela abierta) puede ser muy complicado. (Si llegamos a esta situación por falta de anticipación, y si consideramos peligroso atravesarnos al mar, podemos intentar tomar los rizos en el rumbo de popa, cazando previamente botavara y amantillo para reducir presión, aunque no estoy seguro de si esto puede dar resultado…)

2. Surfear las olas

Las olas que llegan ocasionalmente, más altas de lo habitual, si entran algo atravesadas, nos desestabilizan y pueden hacer orzar y escorar el barco peligrosamente. Durante la navegación de aleta o popa debemos estar atentos a las olas grandes y procurar surfearlas. Justo cuando entra la ola, debemos arribar para que ésta entre lo más paralela posible a nuestra línea de crujía. Al pasar la ola, enseguida orzamos de nuevo hasta el rumbo original, para evitar trasluchar. El surfeo de las olas, no sólo se debe hacer por seguridad, sino también para no marear a la tripu con el vaivén incómodo que genera la ola atravesada.

3. La retenida

Una medida de seguridad, muy recomendable si vamos a navegar durante un rato largo en un rumbo portante, es poner la retenida, para evitar la temida trasluchada involuntaria. Consiste en un cabo resistente que se anuda en un extremo de la botavara llevando el seno hacia proa y dándole tensión (hacia proa) de modo que "retiene" la botavara en la situación abierta a sotavento, incluso si el patrón se despista y arriba demasiado.

Cuanto más abierto (a popa) sea el rumbo, más útil puede resultar la retenida. Pero es muy importante que la retenida se cace bien fuerte mientras esté puesta, para que sea eficaz. Además, el cabo se tiene que poder largar rápidamente, liberando la botavara, por si fuese necesario maniobrar el barco rápidamente. Por tanto, no vale simplemente con afirmar un cabo corto en una cornamusa del mástil o en la proa, sino que hay usar un cabo de bastante longitud, para poder llevarlo primero a proa y después de vuelta hasta la bañera. Es decir, el cabo tendrá un chicote (con as de guía) en la botavara, pasará por una cornamusa en proa y desde ahí, retornará hasta la bañera, donde lo cazaremos a tope con ayuda de un winch. Desde la bañera podremos además largar el cabo rápidamente llegada la necesidad.



Navengando de popa entre las islas del Golfo Sarónico (Grecia 2009)



Modalidades / Opciones de navegación para ganar sotavento


Si nuestro destino está justo a sotavento, bajaremos hasta el mismo en una de las siguientes modalidades de navegación:


1) Popa redonda, con orejas de burro

Iremos el línea recta a nuestro destino, aunque el rumbo de popa redonda (o cerrada) no es muy efectivo, puesto que el viento aparente se reduce mucho al tener el vector de movimiento justo en contra del viento real. Aparte está el riesgo de la trasluchada involuntaria si no vamos muy finos al timón. (Aquí sí que merece la pena poner la retenida.)

Si el patrón opta por navegar en este rumbo, como la mayor desventa totalmente el génova, es recomendable o incluso necesario navegar en "orejas de burro". Es decir, pasaremos el génova a la banda opuesta y así aprovecharemos todo el viento en ambas velas. Además, si disponemos de un tangón a bordo, podemos atangonar el génova, para mantener la vela estable.

Respecto al tangón, para aparejarlo al génova, seguiremos los siguientes pasos:

a) llevaremos el tangón a popa, para poner el amantillo (una driza libre), y pinchar el extremo exterior en el puño de escota del génova. (Será útil amollar un poco de escota.)

b) una vez realizado esto, llevaremos el tangón a proa y engancharemos su extremo interior en el mástil, en el carro del tangón. El carro lo fijaremos a la altura adecuada para que el tangón quede lo más horizontal posible, es decir, con el extremo interior a la altura del puño de escota.

c) lógicamente, debemos cazar también el amantillo, de nuevo hasta que el tangón queda afirmado de manera horizontal.

Al llegar al destino y quitar el tangón del mástil debemos tener cuidado del "retroceso" que podría tener. Para evitar que nos golpee debemos situarnos a un lado del mismo y nunca detrás.

En orejas de burro, para mantener el rumbo correcto de popa redonda, un truco es llevar la caña hacia la vela que flamea. (Arribamos si se cae el génova y orzamos si se cae la mayor). Como en un crucero mayor tendremos rueda en lugar de caña, el truco es al contrario, la rueda va en contra de la vela que se cae.



2) Bordos de aleta / a un largo

En mi opinión, esta es la opción más cómoda y segura. Aunque vayamos dando bordos, la navegación es eficaz, puesto que el rumbo de aleta aprovecha muy bien el viento, al mantenerse un buen aparente. Respecto a la opción primera, de popa redonda, el hecho de recorrer más distancia efectiva por bajar en "zigzag", se podría ver compensado por la mayor velocidad que tenemos durante nuestro recorrido.

Adicionalmente, esta manera de navegar es más segura, porque con el viento de aleta estamos mucho más lejos de la trasluchada involuntaria que en la popa redonda. El patrón puede ir más relajado y realizar una navegación más estable. En este rumbo, el génova, que ya no va desventado, nos "avisa" si estamos arribando demasiado.

Por último, en este rumbo, podemos aprovechar las rachas de viento para arribar un poco durante las mismas y así ganar algo de sotavento.



3) Popa redonda con sólo el génova

Esto (que creo que se llama navegar a la "francesa") lo he leído pero no le he experimentado aún. En popa redonda, la mayor desventa el génova, así que una opción es arriar la mayor y navegar solamente con el génova.

La ventaja de la seguridad es obvia, al no haber mayor, no hay peligro de trasluchar y podemos ir relajados. Si sube el viento, podemos enrollar fácilmente un poco de vela, e ir trimando, casi con una cerveza en la mano… Por tanto este rumbo podría ser adecuado e incluso eficaz cuando hay bastante viento.

Por otro lado, he leído que esta forma de navegar no es muy estable, y que sometemos al estay de proa a un esfuerzo para el cual no está pensado, pudiendo provocar una rotura. Supongo que dependerá del barco y de la jarcia que lleve instalada.



(La última modalidad de caer a sota, que no enumero, es la de bajar a motor, con las velas recogidas. Por supuesto en este caso, izar la mayor no aporta nada, más bien molestará por su flameo, porque el viento aparente será nulo, o muy bajo, o incluso de proa.)



Mi respuesta a la pregunta de qué modalidad de caer a sotavento es la mejor, es que es malo generalizar. Y más en este caso, que puede ser cuestión de gustos. Además el patrón decidirá cual es la mejor opción, dependiendo de las condiciones dadas, del comportamiento de cada barco, del viento y de muchos otros factores.





Eso es todo amigos.

Buena mar y mejor viento,


Kike,
Madrid, 25 septiembre 2011